Está demostrado que el consumo de cantidades moderadas de alcohol reduce la mortalidad cardiovascular y que este efecto beneficioso sobrepasa los riesgos del consumo de alcohol en las poblaciones con mayor riesgo aterosclerótico: personas de edad avanzada, con otros factores de riesgo asociados y con eventos coronarios previos. Sin embargo, no está demostrado el beneficio del consumo de alcohol, ni siquiera en cantidades moderadas, sobre la población general, ya que aumenta la mortalidad por otras causas sobrepasando los beneficios cardiovasculares, por lo que no se puede recomendar el consumo de alcohol como medida preventiva general. Por tanto, el consejo de continuar, iniciar, modificar o abandonar el hábito de consumir bebidas alcohólicas debe hacerse exclusivamente de forma individual, valorando los riesgos y beneficios posibles en cada paciente.

Aunque es difícil no dejarse influir por la atractiva idea de reducir el riesgo aterosclerótico ingiriendo moderadas cantidades de una bebida alcohólica, sobre todo si esto resulta de nuestro agrado, no podemos olvidar que dejar de fumar es más beneficioso pero al mismo tiempo más difícil; cambiar un hábito de vida sedentario y comenzar a hacer ejercicio no es algo que se logre con una simple indicación y es difícil conseguir que un paciente entienda los beneficios de seguir una dieta estricta, de disminuir el consumo de sal o de perder peso. Por tanto, las indicaciones referentes al consumo de alcohol deben ir siempre acompañadas por las recomendaciones pertinentes sobre el resto de los factores de riesgo aterosclerótico.

Si bien el debate sobre la superioridad relativa de diferentes tipos de bebidas alcohólicas, y más aún, sobre diferentes tipos de vino como protectores del riesgo vascular es una realidad, no existen actualmente evidencias de que exista un efecto protector de otros componentes de la bebida aparte del etanol, por lo que no parece apropiado realizar recomendaciones sobre una bebida particular, excepto por hábitos socioculturales. Los beneficios añadidos por algunos componentes con alto poder antioxidante sobre las lipoproteínas de algunos tipos de vino no dejan de ser por el momento una hipótesis atractiva. Son necesarios estudios sobre la identificación de flavonoides con alto poder antioxidante y absorbibles, que eventualmente vengan a enriquecer el arsenal terapéutico de sustancias que previenen el riesgo aterogénico. Mientras tanto, la promoción de un consumo más elevado de alimentos naturales, ricos en flavonoides y otras sustancias saludables (frutas, legumbres, cereales o semillas) en la población podría frenar la tendencia actual de los países del sur de Europa al abandono de la dieta mediterránea.

 

Estudio Completo http://www.revespcardiol.org/es/vino-corazon/articulo/294/

 

Dr Cubrias