Los Eicosanoides son mediadores de la respuesta inmune y de la inflamación célula a célula, o sea que cada célula responde a los cambios en su entorno liberando eicosanoides.

Se sintetizan por oxigenación de ácidos grasos esenciales de 20 átomos de carbono, omega 3 u omega 6. Cada tipo de eicosanoide tiene su función definida en el organismo, que varía según el ácido graso esencial que haya servido de base en su síntesis.

Una de las funciones más importante de estas moléculas es intervenir en la respuesta inflamatoria del organismo, son, al mismo tiempo, las moléculas que provocan y que detienen la inflamación.

EsquemaComo se puede observar en la imagen los omega 6 producen eicosanoides pro inflamatorios (derivados fundamentalmente del ácido araquidónico) y los omega 3 eicosanoides anti inflamatorios (derivados fundamentalmente de los ácidos eicosapentaenoico y docosahexaenoico).
La cantidad de eicosanoides pro y anti inflamatorio que produce el cuerpo tiene que estar equilibrada, desafortunadamente hoy en día ese equilibrio, debido a una mala alimentación, está roto.

Según un informe de la Fundación Española de la Nutrición los niveles óptimos de Omega 6/Omega 3 se sitúan en un 4-5/1, mientras que en la actualidad en España el valor es de 16/1. La recomendación de este informe es disminuir el consumo de omega 6 y aumentar el de omega 3.
El consumo exagerado de grasa omega 6 da pié a que parte de  los omega 6 de 18 y 20 carbonos presentes en cantidades muy altas se transformen en ácido araquidónico, precursor de todos los eicosanoides pro inflamatorios y que puede favorecer un amplio número de enfermedades, sobre todo inflamatorias.

Las funciones de los eicosanoides producidos a partir de los ácidos grasos omega 3 y 6 son opuestas como se puede ver en la siguiente tabla.

Omega3/Omega6

Es importante señalar que los eicosanoides producidos a partir de omega 3 reducen la resistencia a la insulina mientras que los producidos a partir de omega 6 la promueven.

Ingesta Diaria Recomendada (IDR)

Los ácidos grasos Omega 3, al tratarse de grasa que no puede ser producida por el cuerpo humano, necesitan ser ingeridos diariamente.
La SINU (Societá Italiana per la Nutrizione Umana) clasificó desde 1996 los Omega 3 como nutrientes esenciales, estableciendo una IDR general de 1 gramo al día. Recomienda, además, cantidades variables para distintos grupos de población (entre medio gramo de los recién nacidos a un gramo y medio para los varones adultos).
El departamento canadiense de salud recomienda una dieta con almenos 1.8 g de omega 3 al día.
Tanto la FDA, la fundación británica de la nutrición y la OMS recomiendan aumentar la ingesta de este tipo de grasa.
Otros referencias importantes como el Dr. Barry Sears, creador de la dieta de la Zona, recomienda una ingesta diaria de 2.5 gr/día para personas sanas y dosis más elevadas para afecciones crónicas inflamatorias.

Estudio Gissi de prevención

El estudio llevado a cabo en los años 1990 por GISSI (Grupo Italiano para la Supervivencia del Infarto de Miocardio) revela que la toma de un gramo diario de Omega 3 durante un periodo de 3.5 años mejora de forma significativa el pronóstico de pacientes que hayan sufrido un infarto. El beneficio consiste en una reducción del 15% entre muerte, repetición de infarto e ictus. El resultado se ha obtenido con pacientes tratados de forma alopática, intentando que el tratamiento fuera el más adecuado en cada caso.
Se estima que se pueden haber salvado 20 de cada 1000 pacientes tratados con omega 3.
Por otro lado la toma de 300 mg de vit E al día no parece haber producido mejorías en los pacientes.

No todos los ácidos grasos omega 3 son iguales

La familia de los omega 3 tiene la peculiaridad de tener un doble enlace en el carbono 3 terminal.
Dependiendo de su longitud y del número de insaturaciones tendrán distintos efectos en nuestro organismo.
Los ácidos grasos omega 3 activos en el ser humano son el Eicosapentaenico (EPA) y el Docosahexaenoico (DHA).
El EPA ayuda a la buena conservación e los vasos sanguíneos (reduciendo su rigidez), corazón y cerebro. Tiene propiedades anti inflamatorias, anticoagulantes y además reduce las anginas y los eventos cardiovasculares no mortales en pacientes con hipercolesterolemia.
Un estudio llevado a cabo en 1988 ha demostrado que el EPA es capaz de disminuir la inflamación sistémica (en concreto la inflamación producida por un exceso de ácido araquidónico) en pacientes con psoriasis versus pacientes que tomaban la misma cantidad de aceite de oliva. El estudio reveló que tanto las placas de psoriasis como el picor del paciente en la zona afectada pueden disminuir de una forma importante con la suplementación.
Por último hay estudios que sugieren que una alta concentración de EPA en los tejidos puede disminuir el riesgo de sufrir demencia senil.

El DHA es fundamental para un correcto funcionamiento del cerebro y de la retina, del punto de vista estructural es un ácido graso dominante en ambos órganos.
Debido a la gran cantidad de DHA necesario para la producción de células cerebrales hay una necesidad importante de este nutriente durante el embarazo y la lactancia de los bebés.
Estudios recientes han demostrado que el DHA es necesario para la producción de la Neuroprotectina D1 una molécula destinada a proteger nuestro cerebro de productos dañinos y que por lo tanto está relacionada con su buen funcionamiento y salud.
La Neuroprotectina D1 reduce la inflamación celular y además prolonga la vida de las células cerebrales, protegiendo frente a la aparición de enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Hay que tener mucho cuidado a la hora de comer un alimento natural o enriquecido con omega 3 que el tipo de aceite que contenga sea a cadena larga o no se obtendrá el beneficio que se espera de el.
El ácido Alfa Linolénico (ALA) es el más corto de los Omega 3 esenciales y, en teoría, puede ser convertido en los otros de cadena más larga por medio de la enzima Delta- 6-Desaturasa.
Distintos estudios demuestran que la funcionalidad de esta enzima se reduce mucho con la edad del paciente, aún más cuando este tenga algún tipo de carencia alimentaria.
Para que esta enzima funcione correctamente necesita una serie de vitaminas (del grupo B y C) y minerales (magnesio y zinc), desde que haya una carencia de alguno de ellos o tengamos más de 40 años la conversión de ALA a EPA y DHA se ve muy reducida.
De hecho varios estudios han demostrado que en hombres entre un 15 y un 35% del ALA ingerido se trasforma directamente en energía, y menos de un 1% se convierte en DHA. En mujeres  la tasa de conversión puede ser un poco más alta, hasta un 21% a EPA y un 9% a DHA.
Debido a este problema no se relaciona un aumento de la ingesta de ALA con un aumento en los niveles plasmáticos de los omega 3 de cadena larga, además el ALA remanente tiende a oxidarse debido a su poca reconversión.
La suplementación con este tipo de productos nunca será tan efectiva como si la lleváramos a cabo con aceites de animales marinos.