La terapia endovenosa con altas dosis de Vitamina C endovenosa es un excelente método para combatir el cáncer, pero, ¿cómo funcionan las altas dosis de la vitamina c vía endovenosa en procesos tumorales o cáncer?

Estudios recientes han demostrado que los tratamientos con altas dosis de vitamina C, vía endovenosa, mata las células cancerígenas, al tiempo que resulta totalmente inocuo para el resto de las células del ser humano. Así, no solo ayuda a eliminación de células cancerígenas, sino que retarda el crecimiento tumoral, evitando la temida metástasis en los tejidos.

Otro de los beneficios de dicha terapia, hace referencia a los fuertes efectos secundarios de la quimioterapia. Tales efectos se ven especialmente reducidos, como resultado de:

  • Activar los centros de desintoxicación.
  • Acelerar la eliminación de metales pesados.
  • Mejorar la calidad de oxigenación del paciente.

Como resultado de todo esto, el paciente sufre menos dolores y, por tanto, mejora su calidad de vida.

¿En qué consiste el tratamiento de vitamina C vía endovenosa? Hablamos de aplicaciones de entre 20 a 45 gramos de ácido ascórbico, lo que equivale a consumir entre 240 y 500 naranjas por aplicación.

En cuanto a posibles efectos secundarios derivados, tales como los siempre mencionados cálculos renales o hipervitaminosis, están absolutamente descartados.

EFICAZ EN EL TRATAMIENTO DEL CÁNCER

La aplicación intravenosa de vitamina C en altas dosis destruye las células cancerosas en cualquier lugar del organismo sin producir efectos secundarios. Así lo indican trabajos de investigación perfectamente documentados. Eso sí, su aplicación debe hacerse a través de goteo y de forma progresiva.

La dosis inicial recomendada es de 15 gramos diarios. Al parecer, la vitamina C actúa contra las células cancerosas al provocar la producción de peróxido de hidrógeno, siendo éste el que se ocupa de destruirlas. Las conclusiones del estudio Pharmacologic ascorbic acid concentrations selectively kill cancer cells: Action as a pro-drug to deliver hydro gen peroxide to tissues, publicado el septiembre pasado, en Proceedings of the National Academy of Sciences no pueden ser más claras: “Los datos de la investigación nos indican que el ascorbato en concentraciones sólo logradas mediante administración intravenosa favorece a la formación de H202 (peróxido de hidrógeno) y a que la sangre pueda ser el medio por el que llegue a los tejidos. Estos resultados dan plausibilidad a la aplicación intravenosa del ácido ascórbico en el tratamiento del cáncer y tiene, además, implicaciones inesperadas en el tratamiento de infecciones, donde el peróxido de hidrógeno puede ser beneficioso”.

DEL LABORATORIO A LA CLÍNICA

¿Y quién es Hugh D. Riordan? Pues se trata del director del Bio Communications Research Institut (BCRI), centro ubicado en Wichita (Kansas, EEUU) y que es sin duda uno de los que tiene en el mundo mayor experiencia en el ámbito de la investigación con vitamina C. De hecho ha finalizado recientemente un trabajo de investigación desarrollado en colaboración con la Universidad de Puerto Rico que ha durado quince años -el proyecto RECNAC (cáncer escrito al revés)- sobre tratamientos alternativos en cáncer que se encuentra en la actualidad ampliando su campo de investigación al ámbito de la Inmunología y las energías sutiles. De ahí que constituyó quizás la fuente internacional más importante sobre las funciones biológicas y usos terapéuticos de la vitamina C.

Pues bien, también los datos del RECNAC indican que la vitamina C, en combinación con otros antioxidantes, destruye las células tumorales en concentraciones aplicadas clínicamente. Y aunque en un principio pensaron que la aplicación intravenosa de vitamina C en altas concentraciones producía sus resultados a través de una doble respuesta biológica -el refuerzo del sistema inmune y el incremento de producción de colágeno- en cuanto avanzó la investigación se descubrió la capacidad de destrucción directa de las células tumorales. Claro que los investigadores del Bio Communications Research Institut fueron los primeros en informar -en 1995- que la vitamina C en altas dosis es selectivamente tóxica para las células tumorales y que ese grado de toxicidad sólo puede lograrse mediante aplicación intravenosa.

El Dr. Hugh Riordan se encuentra en la actualidad desarrollando un ensayo clínico Fase II -bajo el auspicio de los Institutos Nacionales de Salud- sobre la aplicación terapéutica de altas dosis de vitamina C en pacientes de adenoma renal. Pues bien, las conclusiones obtenidas tras el tratamiento clínico de pacientes de cáncer con altas dosis de vitamina C por vía intravenosa, sólo que en su forma de ascorbato sódico en lugar de ácido ascórbico, fueron que:

  • La vitamina C es tóxica para las células tumorales.
  • Las concentraciones de vitamina C capaces de eliminar las células tumorales sólo pueden lograrse en seres humanos de forma intravenosa.
  • El ácido lipoico refuerza la toxicidad inducida por la vitamina C en las células tumorales.
  • Algunos pacientes de cáncer han experimentado ¡remisiones completas! tras recibir altas dosis de vitamina C por vía intravenosa.
  • La mayor destrucción de células tumorales se obtiene con dosis superiores a 30 gramos; en todo caso, las remisiones totales en pacientes tratados con esa dosis probablemente se deban a la respuesta biológica que induce la vitamina C más que a sus efectos citotóxicos. Hay que añadir que el estudio se presentó acompañado de algunos de los casos tratados. Veamos dos de ellos porque son suficientemente significativos.

El primero fue un carcinoma metastático de pecho, en fase terminal, que padecía una mujer de 68 años hospitalizada en 1995. “Su último escáner -relata el informe- mostraba metástasis, casi en cada hueso de su esqueleto’. La paciente experimentaba dolores óseos imposibles de controlar con narcóticos. Se le pusieron inicialmente 30 gramos de vitamina C por vía intravenosa al día, aumentando a 100 gramos al día durante 5 horas.

Al cabo de una semana la paciente empezó a pasear por los pasillos del hospital. El personal del mismo informó de que parecía una nueva persona hasta el punto de que recibió el alta. Ya en su casa recibió 100 gramos de vitamina C por vía intravenosa 3 veces por semana. Tres meses después de empezar la terapia con ella, un escáner revelaba la resolución de varias metástasis en el cráneo. Seis meses después de empezar el tratamiento con vitamina C cayó mientras estaba de compras en un centro comercial y murió a consecuencia de las fracturas sufridas»

El otro de los casos se refiere a un linfoma no Hodgking. En otoño de 1994, un granjero blanco de 73 años, de Kansas occidental, fue diagnosticado de linforno no Hodgking extendido. Las biopsias y tomografías computarizadas revelaron el envolvimiento de un tumor bilateral en su anterior y posterior zona cervical afectando a los nodos inguinales, axilares y mediastinales. Fue tratado con quimioterapia durante 8 meses lo que le produjo una remisión del mismo. En julio de 1997 empezó a perder peso. De vuelta a su oncólogo una tomogrofía mostró una recurrencia del cáncer. En septiembre de 1997 comenzó de nuevo con quimioterapia.

En diciembre de 1997 desarrolló leucopenia y un extenso Herpes Zoster en su lado izquierdo. Como resultado se detuvo la quimioterapia. En marzo de 1998 ingresó en nuestro centro y comenzó a recibir vitamina C intravenosa y oral junto a otros suplementos nutricionales. Su dosis de vitamina C fue aumentando hasta recibir 50 gramos en 500 c.c. de agua destilada dos veces por semana. Continuó con esa dosis durante 11 meses. Tres meses después de empezar la terapia con vitamina C la tomografía no mostró ninguna evidencia de malignidad. Otro examen en febrero de 1999 también indicó que estaba limpio y fue declarado en remisión completa por su oncólogo.

SIN ACUERDO SOBRE LA DOSIS

Hoy la polémica sigue situándose en la cantidad máxima de vitamina C que puede o debe ingerirse diariamente. Pues bien, Medline Plus -uno de los referentes de la búsqueda de documentación médica en Internet- afirma en su última actualización: “Ingerir altas dosis de vitamina C no produce generalmente toxicidad porque al ser una vitamina soluble en agua se expulso sin más a través de la orina. Sólo las personas que tienden a padecer de cálculos en el riñón pueden encontrar que su situación se agravó. Los resultados fueron sorprendentes: 18 de los 100 pacientes tratados con vitamina C sobrevivieron. con los suplementos de vitamina C al tomarla en megadosis’ Y Linus Pauling, por su parte, afirmaba: “Las investigaciones demuestran que no hay riesgo de toxicidad ni reacciones adversas peligrosas. Multitud de personas toman hasta 100 gramos diarios sin mayores consecuencias. Quienes tomen de 10 a 20 gramos al día pueden notar un leve efecto laxante. Ese efecto es precisamente el baremo que establece la cantidad que una persona puede administrar a su organismo por vía oral.

LA DISCUSIÓN ALIMENTA LAS GANANCIAS

Lo lamentable es que toda la discusión sobre las dosis y supuestos efectos secundarios favorece sólo a las multinacionales farmacéuticas. Porque mientras la polémica sobre las dosis mínimas y máximas continúe la vitamina C se seguirá moviendo en el campo de lo complementario y no jugará el papel en la prevención y tratamiento de algunas patologías que le corresponde. No será, en suma, competencia para los fármacos. Claro que no se trata de una historia nueva. Porque en cuanto un producto natural no patentable y sin efectos secundarios demuestra eficacia en cualquier patología.., aparece rápidamente un estudio que pone en entredicho el trabajo realizado y, si se considera necesario, se pone también en duda la valía de quienes lo han desarrollado, o la metodología, o el rigor con el que se hizo, o la credibilidad de la publicación donde el trabajo apareció publicado… Por suerte, tenemos mucho material para confirmar que esta discusión está fuera de lugar. Iremos ampliando en nuevas publicaciones.