El disestrés es un cuadro de estrés permanente que se manifiesta en trastornos físicos. Se producen alteraciones químicas que después terminan en problemas hormonales, cardiovasculares e intestinales, entre otros. Fijaos el impacto del «disestrés»: aquel que lejos de generar disfrute, genera agobio, impotencia, rabia.

El disestrés aumenta Cortisol y este, a su vez, aumenta la liberación de glucosa por el hígado hacia al torrente sanguíneo. Para transportar esta glucosa se libera insulina, la cual llevará la glucosa al hígado, el tejido adiposo y al músculo. Si estos órganos están en bajo gasto (como suele pasar debido a la poca actividad física) entonces esta glucosa se trasforma en grasa y se guarda (aumento de peso en tejido graso). Por otro lado, los elevados niveles de cortisol aumentan la producción de acido clorhídrico por el estomago (acidez, dispepsias…). Este debe ser neutralizado por el bicarbonato y las enzimas del hígado y del páncreas, generando menos disponibilidad de estas para la digestión.

Paralelamente el acido que logra pasar al duodeno y resto del intestino acaba con la flora intestinal, afectando las defensas. Si esto ocurre…. se los cuento la próxima semana para que veáis el nexo entre el tubo digestivo y nuestro cerebro, condición que desde el punto de vista convencional ignoramos y que evitaría mandar al psiquiatra a muchos pacientes hoy en día.

Dr Cubrias.
PD: Trata de hacer las cosas que disfrutes, comenzando por la actividad laboral…