La obesidad ha cobrado proporciones epidémicas. El National Health and Nutrition Examination Survey mostró que el 31% de los adultos estadounidenses presentaban obesidad, definida por un índice de masa corporal (IMC) > 30 kg/m2, y el 34%, sobrepeso (IMC 25-29.9 kg/m2). Es decir que el 65% de los adultos presentaban exceso de peso, un 20% más que 20 años atrás.
 
La obesidad puede producir alrededor de 300.000 muertes anuales y tiene consecuencias en varias patologías como hipertensión, enfermedad cardiovascular, hiperlipidemia, diabetes mellitus (DBT), depresión, cáncer de mama, colon, próstata, endometrio y vesícula biliar, apnea del sueño, dolor de espalda crónico y artrosis. En 1998 la American Heart Association clasificó a la obesidad como un importante factor de riesgo modificable de Enfermedad Cardiovascular. Por ello, se han realizado varias investigaciones para evaluar el papel de la dieta y del ejercicio en el tratamiento de la obesidad.


Actividad física

Existen numerosos datos observacionales que sustentan la relación entre el sedentarismo y la obesidad. Una revisión de 8 estudios prospectivos del American College of Sports Medicine (ACSM) mostró una asociación entre el bajo nivel de actividad física y el riesgo de obesidad. 
 
Un estudio aleatorizado y controlado llevado a cabo en la Universidad de Duke mostró una relación dosis-respuesta entre el volumen semanal de ejercicio y la modificación del peso en sujetos con sobrepeso que no hacían dieta. Para evitar aumentar 2.5 lb (peso aumentado por los sujetos que no realizaron ejercicio durante 6 meses) era necesario caminar o trotar 6 a 7 millas por semana.
 
El sedentarismo también se encuentra a niveles epidémicos, con tasas de prevalencia paralelas a las de la obesidad. Más del 60% de los adultos estadounidenses refirieron realizar actividad física en forma infrecuente y 25% son totalmente sedentarios. Estas cifras representan la participación en deportes, gimnasia y actividades recreativas pero no cuantifican la energía gastada en actividades de la vida diaria. Haskell estimó que reemplazar 2 minutos por hora de los empleados en el envío de correos electrónicos por una caminata hasta la oficina del compañero de trabajo podría determinar una diferencia de 5 kg de peso en una década.
 

Ejercicio en el tratamiento de la obesidad

Varios estudios parecen indicar que el ejercicio aislado es un método algo ineficiente para perder peso. Para quemar 1 libra de grasa deben realizarse aproximadamente 35 millas de trote o caminata. Un panel de expertos examinó 12 estudios aleatorizados y controlados sobre los efectos del ejercicio aeróbico no acompañado por dieta sobre la pérdida de peso. Como resultado se halló que las personas que se ejercitaron perdieron un promedio de 5 lb más en 9 meses que quienes no lo hicieron. Similares resultados fueron obtenidos en 2 metaanálisis.
 
En un reciente estudio aleatorizado y controlado en 52 hombres obesos, 14 pacientes asignados a realizar ejercicio para quemar 2 940 kcal/día perdieron un promedio de 16 lb durante 12 semanas. Bouchar y colaboradores realizaron un estudio en el que 5 hombres fueron enviados a un complejo residencial donde debían realizar 2 sesiones de ejercicios de 53 minutos, 6 veces por semana durante 100 días. La ingesta alimentaria era vigilada en forma estricta y debía mantenerse constante. Pasados 3 meses los participantes habían perdido un promedio de 8 kg. La importante pérdida de peso en este estudio controlado puede explicarse parcialmente por la cantidad incrementada de ejercicio con respecto a otros ensayos. Además, da crédito a la creencia de que el incremento de actividad física suele acompañarse por un aumento concomitante de la ingesta alimentaria. Los sujetos obesos suelen declarar un menor consumo calórico que el real.

Mantenimiento de la pérdida de peso

Si bien el ejercicio parece desempeñar un modesto papel en la pérdida de peso, podría tener una participación crucial en el mantenimiento de esta pérdida. Un reciente metaanálisis de 6 estudios aleatorizados y controlados, donde se compararon los efectos de la dieta frente a esta última más ejercicio para mantener la pérdida de peso durante más de un año, mostró que el grupo de dieta más ejercicio logró mejores resultados en el mantenimiento de la pérdida de peso durante un seguimiento de al menos un año que el de aquellos que sólo realizaron dieta. 
 
Los individuos que mantienen la pérdida de peso emplean 3 estrategias conductuales.
  1. En primer lugar, ingieren una dieta baja en grasas y alta en carbohidratos.
  2. Segundo, realizan una autoevaluación frecuente del peso corporal y de la ingesta alimentaria.
  3. Por último, alcanzan altos niveles de actividad física regular. El 91% de los participantes informaron realizar ejercicio en forma regular –por ejemplo, una hora de caminata rápida– como arma fundamental para mantener la pérdida de peso.

Composición corporal

El ejercicio estimula la pérdida de grasa y el aumento de masa magra muscular, lo que puede afectar la cantidad absoluta de peso perdido. En contraste, cuando se pierde peso sólo mediante dieta, hasta el 30% de la pérdida puede deberse sólo a la pérdida de masa muscular.

Beneficios para la salud

Existen numerosas pruebas observacionales que apoyan el hecho de que la actividad física regular puede reducir la mortalidad por todas las causas y, en particular, la mortalidad cardiovascular (CV) del 20% a 30%.
 
Por ejemplo, el Aerobics Center Longitudinal Study de 24 años de duración del que participaron 26 000 hombres obesos con buen estado CV (demostrado por prueba con cinta sinfín) mostró tasas de mortalidad global y CV de alrededor del 50% de las presentadas por hombres de peso normal no entrenados. Otros estudios han sugerido que la actividad física, independientemente de su acción sobre el peso, tiene efectos favorables sobre la presión arterial, la resistencia a la insulina, el perfil lipídico, la gravedad de la apnea del sueño y la incidencia de cáncer de colon, cáncer de mama, artrosis y osteoporosis.
 
La pérdida de 5% o 10% del peso inicial puede producir mejorías sustanciales en los factores de riesgo de enfermedad conducir a una reducción o interrupción de la medicación.