Así lo afirma el doctor Jorge Luis Cubrías, quien apuesta por la integración de terapias convencionales, alternativas y complementarias avaladas por estudios científicos que prueben su eficacia.

Decía Hipócrates, padre de la medicina moderna “que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina.” Pero parece que ni siquiera en el s.XXI somos capaces de hacerle caso. Por eso y por nuestro estilo de vida, nuestros déficits cada vez son mayores. Menos mal que existen los suplementos para contrarrestarlos. Al menos eso dice el Dr. Cubrías, un prestigioso médico cubano formado en Medicina Clínica, doctorado en Ciencias de la Salud, especializado en enfermedades Metabólicas y Cardiovasculares y Cirujano, que lleva años centrado en la medicina integrativa. ¿Y qué es eso?, se preguntarán ustedes. “En esencia soy un médico clínico que dirige su actividad al conocimiento del origen de las patologías y no únicamente a su curación. –dice el Dr. Cubrías- Esto me obliga a integrar la bioquímica y la fisiología en mi práctica diaria”

¿Podría contarnos cómo fue su formación en Medicina hasta llegar a dónde está?

En mi país natal, Cuba, me formé en Medicina Clínica e hice un Doctorado en Ciencias de la Salud. Posteriormente me especialicé en enfermedades metabólicas y cardiovasculares. Me trasladé a vivir Chile, donde me tuve que presentar a un examen para revalidar mis títulos. Los aprobé en 1998 y me otorgaron el título de Médico Cirujano, por la Universidad de Chile. 

En España. el Ministerio de Educación y Ciencias convalidó mi título cubano por el de Licenciado en Medicina y Cirugía. Poco tiempo después de llegar, me especialicé en Medicina Antienvejecimiento en la Universidad de Sevilla y comencé a trabajar en un instituto de investigación en metabolismo, donde recibí formación en bioquímica clínica.

En esencia, soy un médico clínico, que dirige su actividad al conocimiento del origen de las patologías y no únicamente a su curación. Los médicos pueden recetarte un medicamento para tratar un dolor de cabeza, pero yo quiero ir más allá. A los motivos que lo provocan, para poder abordarlo desde la raíz. 

Esto me obliga a integrar la bioquímica y la fisiología en mi práctica diaria. Nuestra actividad consiste en estudiar las causas de los diagnósticos establecidos y rediseñarlos en base a los antecedentes, el cuadro clínico y, sobre todo, a los estudios de variables moleculares que habitualmente no se usan en la sanidad pública por múltiples razones. Con estos estudios moleculares podemos obtener datos decisivos que nos permiten sacar adelante a muchos pacientes con patologías complejas, pues son estos elementos los que nos permiten entender la génesis de estas enfermedades. Como suelo decir a mis pacientes y alumnos: no podemos curar lo que no podemos entender, por ello debemos tener claro de dónde viene la enfermedad y por qué se manifiesta. 

¿Qué es exactamente la medicina integrativa?

La medicina integrativa, como su propio nombre indica, integra terapias médicas convencionales y terapias alternativas y complementarias, que están debidamente avaladas por estudios científicos que demuestran su seguridad y eficacia. 

Esta integración nos permite ser más eficaces y menos agresivos con el organismo de nuestros pacientes. Además, yo añadiría que la Medicina Integrativa es también personalizada al detalle, puesto que para conseguir un buen diagnóstico y tratamiento estudiamos punto a punto la condición de cada paciente. Pero todo esto se hace disperso y poco funcional si no aplicamos y respetamos la fisiología y la bioquímica que nos muestra las interacciones muchas veces causales de la condición de salud o enfermedad y esto lo aprendí de la escuela de Medicina Ortomolecular del Dr. Efraín Olszewer en Brasil, con el cual me formé. 

¿Qué relación tiene con el antienvejecimiento?

El envejecimiento es un proceso fisiológico que sucede con relación a la oxidación de nuestros tejidos y órganos, asociado al deterioro hormonal. Si nuestra genética y nuestro estilo de vida no son muy “buenos” o “saludables”, este sucederá de forma acelerada. Esto hace que padezcamos de forma temprana de múltiples enfermedades, desde las cardiovasculares hasta distintos tipos de cáncer. La Medicina Antienvejecimiento usa las variables que estudiamos en la Medicina Integrativa u Ortomolecular para abordar estos conceptos y mediar en la expresión de un envejecimiento temprano y patológico. 

¿El cuerpo es pura química?

El organismo humano es, literalmente, un mega laboratorio donde las señalizaciones fomentan la síntesis de muchísimos elementos químicos para mantenernos en modo saludable o de enfermedad. En esto influye, sin duda, lo que comemos, a qué hora lo ingerimos, el ejercicio físico, los pensamientos positivos o negativos e, incluso, el lugar donde vives, pues el medioambiente y sus elementos, tóxicos o no, influyen mucho en este “laboratorio”. 

¿Se compensan los déficits del cuerpo con los nutracéuticos?

Nuestro estilo de vida actual es proinflamatorio, estresor, obesogénico y desordenado, pues vulnera nuestros ritmos circadianos. En otras palabras, nuestro estilo de vida nos lleva a no respetar nuestros relojes internos, nos estresa y, por ende, nos engorda y enferma. Está todo relacionado. Esto provoca que nuestro organismo necesite consumir más de ciertos minerales, vitaminas, hormonas, aminoácidos e, incluso, neutransmisores y neuroesteroides. Si no se repone y sustenta este consumo, nos volvemos más vulnerables a padecer alternaciones funcionales celulares en forma de síntomas, que si no se corrigen provocarán la expresión de múltiples enfermedades. 

Por tanto, en respuesta a tu pregunta, sí. Los nutracéuticos bien elegidos juegan un roll fundamental en el buen mantenimiento del organismo, pero una vez manifestada la enfermedad, obtenemos resultados asombrosos, muy efectivos, usando en sinergia nutracéuticos y fármacos. Estos últimos en dosis más bajas de las habituales, lo que tiene menos efectos secundarios en el paciente. En algunas ocasiones, si el paciente ayuda realizando cambios profundos en el estilo de vida, se puede llegar a prescindir de ambos, o al menos del fármaco. 

Sin embargo, provocan mucha desconfianza, porque no son medicamentos…

Es triste lo que pasa en este entorno, los médicos no estamos formados para usar nutracéuticos. Cuando hace 20 años me hablaban de ellos, pensaba en su uso como suplemento en pacientes con déficit severo de uno u de otro. Así nos han formado a todos o a la mayoría. El desprecio parte de aquí y lo entiendo por experiencia propia, pero no hay nada más lejos de la realidad que este concepto.

Hoy en día hay un caudal de nutracéuticos en el vademécum nacional que podemos prescribir, el problema es que para saber hacerlo adecuadamente es obligatorio conocer su modus operandi y esto requiere regresar a la bioquímica y la fisiología, asignaturas estudiadas desde el primer al cuarto año de la carrera. Después, nos enseñan a prescribir fármacos asociados a protocolos y apenas nos llevan al análisis de cómo funcionan. Esta es la triste realidad.

Por otro lado, otros profesionales, faltos de formación, experiencia y actualización en el manejo de nutracéuticos, hacen un uso indiscriminado de estos, que por supuesto, no son inocuos. Esta situación, además de generar una muy mala reputación para los nutracéuticos, genera problemas de salud en lugar de resolverlos. Para poner fin a esto, hemos creado un programa de formación desde la SENMO, Sociedad Española de Nutrición y Medicina Ortomolecular, con el objetivo de que aprendamos a usar estas excelentes herramientas que pueden ayudar a muchos en la prevención y en el manejo de múltiples patologías, así como en frenar un envejecimiento patológico.       

Para utilizarlos, se requieren distintas pruebas diagnósticas. De sangre, de orina etc… ¿a través de ellas qué llegamos a saber?

 Sin duda, se requieren exámenes de sangre, orina, saliva, cabello, tejidos, etc. que nos permiten hacer un análisis objetivo y reproducible de la condición de salud del paciente. En ellos no solo vemos el déficit funcional de algún elemento de los ya citados, si no que observamos cuán bien están funcionando la células y su conexión con otras estructuras orgánicas. Esto permite saber si requerimos suplementar alguno de ellos para reparar situaciones de déficit. 

Un ejemplo simple es un estudio del balance entre la oxidación y la reducción en el organismo. Si hay una tendencia mayoritaria a la oxidación, podremos usar nutraceúticos para estimular nuestro sistema de antioxidación propio y, si este no responde, usar un antioxidante específico para lograr este equilibrio. Incluso hurgar en los antecedentes y estilo de vida del paciente en aras de encontrar el elemento causal. En este caso el uso podría ser temporal, pero, por ejemplo, en un fumador es esencial el uso de antioxidantes para compensar el efecto tóxico del cigarrillo, y hay muchísimos ejemplos más.

¿incluso podemos determinar si tenemos más o menos predisposición para desarrollar un cáncer?

No hay duda, por ejemplo, la determinación de 2-16 OH Estrona en orina es un análisis que nos permite entender por qué vía estamos metabolizando los estrógenos.  

Sabemos que este metabolismo es crucial para que finalmente los estrógenos jueguen una mala pasada en la génesis de un cáncer o no. Si encontramos alteraciones podemos corregirlas evitando el desarrollo de un cuadro neoplásico por esta vía, que anexa las hormonas con el cáncer. Si los estrógenos en esencia fueran los causales, las chicas con 13 años tendrían todas cáncer y en este grupo etario es extraño encontrar estas patologías. El inadecuado metabolismo de estas hormonas es el que puede convertir una célula normal en neoplásica, entre otras causas. Debemos saber que este metabolismo estrogénico puede estar influenciado por la genética, así como por el estilo de vida, entre otras variables. Con los datos necesario podemos, incluso, evitar la expresión de la genética. 

Hay quien se pregunta que para qué sirve saber por ejemplo si se tiene esa predisposición a desarrollar un cáncer ¿se puede actuar en consecuencia y frenar esa predisposición con un tratamiento de nutracéuticos?

Con el advenimiento de las ciencias ómicas, “el saber de todo sobre algo”, hemos aprendido que podemos estudiar la predisposición genética de un individuo a expresar una enfermedad. Con el mapeo de estos datos, obtenidos a través de diferentes perfiles realizables en la consulta: perfil neurológico, cardiovascular, obesidad, cáncer, Alzheimer de detoxificación etc. podemos diseñar un tratamiento a la medida para evitar la expresión de estas patologías.

Nuevamente, se precisa una intervención integral, desde la alimentación hasta la valoración de el ejercicio físico y el respeto a los ritmos circadianos, así como el uso de nutraceúticos específicos e, incluso, de algún fármaco, en bajas dosis si fuera necesario. Esto nos permite orquestar molecularmente barreras para la expresión de muchas enfermedades que portamos genéticamente. Un ejemplo es la determinación de la variante Apo E 4 con relación a la susceptibilidad de sufrir Alzheimer. Si es positivo debemos enfatizar energéticamente en controlar los factores que pudiesen llevar a expresar la patologías y es 100% posible. Es la medicina a la medida del siglo XXI, que practicamos cada día. 

Hablemos de las distintas vertientes del envejecimiento. El cuerpo cuando envejece y va degradándose ¿se inflama?

Excelente pregunta, la inflamación es un proceso fisiológico y sin él moriríamos ante cualquier leve infección y/o tendríamos cáncer aún más temprano y frecuente. Hablo de la inflamación aguda, esa que es necesaria activar cuando nos resfriamos o pillamos una neumonía, o cuando sufrimos un golpe y tenemos un hematoma. El elemento inflamatorio hará que el tejido dañado se recupere. El problema está en los factores que hacen que la inflamación se convierta en un proceso crónico de bajo grado, no duele, pero allí esta, oxidando grotescamente nuestros tejidos, la membrana celular (cerebro de las células) y el núcleo celular, etc. Es por esto que le digo a mis alumnos que somos duros de matar, pues vivimos en un ambiente proinflamatorio, que acelera el envejecimiento propatológico.

¿Esa inflamación se puede revertir?

 Se puede revertir, mas lo importante es no permitir que se haga crónica y nuestra población con patologías tiene mucha inflamación crónica de bajo grado. Aunque no solo ellos, muchos “sanos” (asintomáticos) también la tienen y esto les acorta el tiempo que podrán disfrutar de su salud.  

¿Pero solo con un tratamiento basado en suplementos o es indispensable vigilar la dieta e incluso el ejercicio?

 Siempre digo: “Una golondrina no hace verano”. Es indispensable la correcta evaluación para ver con objetividad qué necesitas organizar en tu estilo de vida y cuánto estás de acuerdo en colaborar con ello. Mientras menos colabores más nutracéuticos y otros tratamientos tendrás que usar. 

Es fundamental destacar que no todo el mundo necesita correr 5 kilómetros al día, ni ir al gimnasio 5 veces en semana, tampoco pasarse la vida detrás de la “comida saludable” de forma obsesiva. A muchos de ellos les mido el estrés y veo más niveles de cortisol suprafisiológico que en pacientes que no están obsesionados. Una vez más el equilibrio es lo ideal, pero la especificidad de todo esto nos lo da el uso de estudios adecuados para valorar la condición de cada uno y poder diseñar un tratamiento a la medida. 

El envejecimiento también afecta a la hormona ¿un tratamiento hormonal adecuado es imprescindible para envejecer más lentamente y con mejor calidad de vida?

 Por supuesto. Solo hay que ver cómo aumenta la tasa de enfermedades cardiovasculares, neurológicas, del sistema nervioso central y del osteo-articular, entre otros, en los pacientes mayores. Esto sucede, en gran parte, debido al descenso hormonal.

El uso correcto de hormonas, ojalá bioidénticas, en busca alcanzar niveles que recuerden a una edad hormonal sobre los 40-45 años y, estudiando las vías de metabolización de las mimas, nos aporta seguridad y respuestas en salud únicas. La calidad de vida, en términos de percepción de bienestar, optimización de competitividad, incluso en el plano estético, son elementos antiinflamatorios, bioquímicamente hablando, y mantienen activo el circuito de recompensa a nivel cerebral, el cual se deteriora en la medida que envejece nuestro cerebro.  

¿Qué riesgos tienen esos tratamientos hormonales?

 Una mirada fría al uso indiscriminado de hormonas en mujeres con climaterio, en los últimos 20 años, nos hace sentir escalofríos al pensar en la tasa de cáncer que estas han fomentado.

Si lo analizamos en profundidad, vemos que estas hormonas eran y siguen siendo de síntesis en laboratorio. Su fuente más natural es la orina de las yeguas preñadas, ricas en una molécula llamada “equilin”, que hasta la fecha se sabe que afecta al propio metabolismo estrogénico en los humanos y que se requiere que estas pasen por el hígado para activarse una vez que son ingeridas, lo cual fomenta que se puedan tornar peligrosas.

Las hormonas bioidénticas gestadas en USA, tras los antecedentes descritos, han demostrado en los últimos 17 años ser bastante seguras. La objetividad del médico tratante y el conocimiento de las variables bioquímicas en cada paciente las harán mucho más seguras de lo que ya lo son. Destaco que su origen es laboratorial, pero las fuentes son biológicas, como el “ñame mejicano”, por ejemplo, y la administración no requiere el paso por el hígado. Todo esto aumenta el margen de seguridad. No obstante, si usted tiene cáncer, las hormonas  aceleraran su crecimiento y, de ellas, solo el estradiol puede convertir una célula normal en cancerígena. Mejor dicho, el metabolismo incorrecto de la citada hormona puede acarrear el desarrollo de esta enfermedad.      

¿Solo se usan en mujeres y en la menopausia como terapias hormonales sustitutivas?

 Pues sí, logran ser excelentes herramientas como tratamiento hormonal sustitutivo en la menopausia, pero también en la andropausia (hombre). Insisto, hacemos referencia a la progesterona, estrona, estradiol, estriol, testosterona… hay otras hormonas que tienen otro perfil de uso muy interesante, pero que en estos momentos no son el objetivo de estas preguntas, entiendo.

Vale la pena citar propiedades de control de síntomas clínicos en mujeres asociados a niveles de diferentes hormonas:

·       Progesterona: es deficiente en muchas mujeres en etapas competitivas de su vida y se asocia a muchos síntomas, como dolor de cabeza, síntomas floridos en los días previos a la menstruación, incluyendo dolor en los pechos, cambios en el hábito intestinal, cambios de humor, irascibilidad, migrañas pre-reglas, reglas dolorosas, alteraciones de las emociones con sensación de vacío y de apatía, alteraciones del sueño y estados de “híper alerta” sostenida sin causa aparente, entre otros. 

·       Estradiol: cuando hay déficit de esta suele afectarse la turgencia e hidratación de la piel, así como el brillo y el tono de la misma, frecuentemente hay adormecimiento en diferentes partes del organismo sin causa aparente. 

·       Estriol: la sequedad vaginal, la atrofia de la mismas y sus órganos colindantes, incluyendo la uretra (por donde se evacua la orina), infecciones urinarias recurrentes y el dolor a la penetración están asociadas a muy bajos niveles de esta hormona, que fisiológicamente aumenta mucho durante los embarazos. 

·       Testosterona: en la mujer es muy importante para la libido y la actividad neuronal, la concentración y la estabilidad emocional. 

Se incluye testosterona… ¿qué efecto tiene sobre la mujer?

El efecto de la testosterona es muy importante en las mujeres, no hay duda de que las chicas producen fisiológicamente el 10% de la testosterona que producen los hombres, pero esta cantidad es esencial para tener deseo sexual y estabilidad de los neurotransmisores, que son el lenguaje que usan las neuronas para “hablar” entre ellas. Tras esto, se ha visto mejor respuesta cognitiva en grupos de féminas usuarias de esta hormona.

 Dicen que al paso que vamos, nuestros nietos serán casi inmortales ¿usted qué opina?

 Pues literalmente lo dudo, hace 3 años los diarios oficiales decían: Los niños de hoy serán la primera generación que vivirá menos que la de sus padres. Cuando lo leí, fui tras la información que podrían dar sustento a estas frases y tantas encontré que decidí escribir un libro que llamé: Los 13 jinetes del apocalipsis metabólico, que está dirigido, sobre todo, a un lector especializado: profesionales sanitarios. 

En él hago una inmersión para revisar las causas que podrían justificar la veracidad de esta frase sacada a la luz por los diarios y apenas mencionada por el mundo sanitario. Literalmente me escalofría lo que puede pasar, porque la situación actual es muy desalentadora en este plano. Nuestros niños están teniendo enfermedades en la adolescencia que eran de nuestros adultos en nuestros tiempos de infantes y los adolescentes actuales padecen enfermedades de nuestros abuelos. Estamos teniendo niños con Diabetes Tipo 1,5 que es un neologismo médico, ya que es una tipo 2, típicamente de adulto en un niño, en el cual se espera solo las tipo 1 o autoinmune. La diabetes es la primera causa de enfermedad cardiovascular, la cual mata al 29,7 % de la población española, muy anexada al cáncer, que mata al 27,5% del resto, y es que bioquímicamente hay alteraciones moleculares muy similares o incluso compartidas por unas y otras. El propio cáncer cada vez se presenta más frecuentemente y en individuos de menor edad.

La tasa de enfermedades autoinmunes, como el hipotiroidismo, el hipertiroidismo, la artritis, psoriasis, Lupus eritematoso, esclerosis múltiple, entre otras, ha ido incrementando en los últimos 20 años. 

En la actualidad vivimos más tiempo, pero dudo que si no hay un gran cambio nuestros nietos vivan más que nosotros y creo que se debe a:

  • Comemos más que lo que necesitamos
  • La calidad de lo que comemos es peor de media, no menos “rico”:
  • La ingesta de alimentos con azúcar enmascarada o con elementos pro azucares (almidón) llega a ser del 60% de lo que compra una familia nacional, y esta es proinflamatoria como mínimo.
  • Las carnes que compramos en su mayoría están hormonadas y llenas de antibióticos, gracias a ellos los animales enferman menos y crecen más rápido.
  • La forma en que cocinamos los alimentos habitualmente se ha convertido en “exprés”, gracias a esto podemos dedicarle menos tiempo a la cocina, generando moléculas agresivas para el organismo como las de maillard, (color generado tras la caramelización de ciertos alimentos, la chuleta de cerdo a la parrilla), en otras ocasiones desnaturalizando las mismas. 
  • Ingerimos cada vez más ácidos grasos en los alimentos que ponen rígidas nuestras membranas celulares, las oxidan y potencian la inflamación sistémica de bajo grado.
  • Hemos disminuido brutamente la capacidad de movernos, el placer ha pasado de estar asociado al movimiento para estar asociado al “resting”. La silla hoy es un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular a la par que el hábito de fumar. 
  • Estamos perdiendo masa muscular desde edades tempranas de la vida (Sarcopenia) y esto atasca nuestro metabolismo. El músculo es un gran consumidor de lo que ingerimos, si no, se transforma en grasa y esta es muy proinflamatoria.
  • Vivimos en un constante jetlag social, no respetamos para nada los ritmos circadianos y esto está pasando factura con recargos.
  • Son muy frecuentes las consultas por insomnio de conciliación o fragmentado en la población y durante el suelo saludable nos recuperamos de los avatares del dia.
  • Se nota un importante aumento de la percepción de estrés en la población en general, haciéndose este crónico y preparados fisiológicamente solo para el estrés agudo, el crónico nos está matando.
  • Hay un aumento en el consumo de drogas, incluyendo el alcohol, en poblaciones muy jóvenes, lo cual deteriora desde etapas tempranas nuestras células y, especialmente, las neuronas.
  • Vivimos en entornos ambientalmente cargados de tóxicos, esto literalmente envenena la fisiología del ser humano, pero lo hace lentamente. Incluso hoy sabemos que afectará hasta la tercera generación por los efectos transgeneracionales de los mismos.
  • Los programas de formación para médicos no incorporan lo aportado por las ciencias Ómicas al campo clínico a pesar de tanta evidencia publicada. Podríamos optimizar el uso de fármacos si tuviésemos un examen de la capacidad de detoxificación hepática genética del individuo, podríamos evitar sobre dosis, efectos colaterales y secundarios incluso mortales. Debemos recordar que el uso de fármacos de forma inadecuada es la tercera causa de muerte en países desarrollados. 
  • No trabajamos desde etapas tempranas de gestación de las enfermedades crónicas, esperamos a que estas estén listas en su expresión para hacer algo, cuando hay análisis múltiples que nos permiten detectar el estado de salud de un individuo versus el hecho de estar asintomático y anidando una patología seria. 
  • Los manejos de las enfermedades crónicas suelen estar dirigidos hacia los síntomas y no hacia las causas.
  • No hacemos educación en salud y esto hace que ya ni sepamos cómo educar a nuestros pacientes, haciendo que estos tomen una actitud de no integrar su condición de salud al poder del cambio en el estilo de vida y el uso de herramientas más biocompatibles. 

Por ahora vivimos más tiempo, pero no menos polimedicados y con cuestionable calidad de vida. 

Nuestros hijos y nietos lo tienen complicado, nosotros no fuimos expuestos a un ambiente tan propatológico como el actual y esto es epigenética. Estos factores actúan sobre nuestra genética, favoreciendo su expresión más patológica. Lo siento, pero soy realista y lo veo en la práctica asistencial de cada día.