Hace unos años, en el 2015/16, comenzábamos a ver en distintos medios de comunicación titulares que despertaban en mí la inquietud. Muchos de ellos decían:

  • Los niños de hoy serán la primera generación que vivirá menos que sus padres
  • La próxima generación vivirá menos
  • Duro pronóstico, los niños de hoy vivirán menos que sus padres
  • Los niños, en la actualidad, presentan una vulnerabilidad cardiovascular superior a un 15% con respecto a sus padres. En palabras más llanas, hacían alusión al riesgo de enfermar del corazón y sus vasos sanguíneos

Tras estos artículos divulgados, habían algunos expertos en medicina y otros periodistas “sanitarios” que, una y otra vez, señalaban como elementos de génesis de estas predicciones a la obesidad y la poca actividad física, dos eslabones que afectan, sin lugar a dudas, la salud de cualquier individuo. Sin embargo, a nuestro entender habían muchos otros aspectos que apenas se estaban teniendo en cuenta, más allá de los dos pilares mencionados por “entendidos”. Por otro lado, las medidas propuestas eran bastante poco optimistas, aunque esto no fue lo que más me impactó. Lo que me dejó sin aliento, literalmente, fue la demostración de que la mayoría de los profesionales sanitarios, incluyendo especialistas en el sector de la nutrición, no demostraban tener claro una serie de aspectos del “fenotipo intermedio”, que favorecían la obesidad y las enfermedades asociadas, restringiendo el análisis a la suma calórica de la ingesta diaria.

Debo acometer otra afirmación con respecto al mundo de las estrategias dentro del inmenso campo del ejercicio físico. Está pasando en la actualidad algo muy peculiar y que me llama mucho la atención. El personal formado dentro de las Ciencias del Ejercicio Físico y del Deporte suele tener un nivel excelente, sin embargo, las solicitudes de puesta en práctica de acción es para enfrentar problemas de salud por los profesionales de las instituciones gubernamentales, en España, son escasas y poco contundentes. En muchos casos, muestran una desidia total y/o poco conocimiento de la diversa y contundente información publicada en el ámbito de la actividad física y su relación con la salud/enfermedad. Esto, sin duda, complica y mucho las posibilidades de avance en esta materia.

Ante este panorama, me pregunté cómo era posible tomar medidas coherentes para luchar contra esta situación de extrema emergencia, sin controlar las bases.

¡Uff algo no anda bien! – Era el pensamiento que inundaba mi cabeza. Así que, para poner remedio, nos dimos a la tarea de buscar y buscar en aras de encontrar factores que siendo 100% científicos, reproducibles, y ya publicados explicasen, tanto como pudiesen, la realidad que había detrás de estas predicciones.

En lo personal, como médico, al leer aquellos titulares me cuestioné mucho lo que estábamos haciendo y reafirmé mi percepción de “reaprendizaje” como única forma de crecer objetivamente. Como padre, sentí una enorme responsabilidad para con mis hijos. Una vez que tuve este sentimiento, se revolcó mi sistema límbico (emociones) y me dije: debo emprender una búsqueda hasta comprender qué factores están en los cimientos de este negro futuro para la salud de nuestros hijos y para el sistema sanitario.

Estuve 6 meses revisando artículos, libros y revistas médicas hasta encontrar aspectos sólidos, que además permitiesen gestar un hilo conductor en aras de entender y tomar medidas coherentes para frenar las malditas, pero al parecer verdaderas, sentencias publicadas. Lo único bueno que tenían era que todavía estamos a tiempo de tomar las medidas pertinentes para evitar que la predicción se lleve a cabo, sino con todos, sí con la gran mayoría.

Así, en principio encontramos 12 factores interesantes y luego añadimos uno más, por el valor agregado que tiene, y la interacción directa e indirecta con el resto de los “Jinetes del Apocalípsis”, como les he llamado.

En la actualidad, la primera causa de muerte a nivel mundial es la enfermedad cardiovascular. Esta sucede afectando de forma directa la circulación que alimenta a nuestros tejidos, pues es la vía por la cual llega oxígeno y nutrientes a cada célula que compone los órganos de la economía humana; con estos sustratos producimos moléculas de energía, llamadas trifosfato de adenosina o (ATP), según sus siglas en inglés.

La capacidad de una célula de soportar situaciones de estrés y de recuperarse de daños funcionales, incluso estructurales, depende en gran medida de la disponibilidad de ATP para realizar estos mecanismos muy regulados biológicamente. Por ello, es crucial mantener en el mejor estado posible el sistema vascular arterial, que representa las “carreteras” necesarias para el correcto desarrollo de esta función. Como dato curioso y que demuestra cuan intrincadas están, la suma de nuestras arterias tiene un tamaño equivalente a dos canchas de tenis.

Cuando hacemos una revisión de los factores que condicionan las alteraciones de este entramado arterial, vemos que muchos de ellos comienzan a hacer sus “fechorías” desde mucho tiempo antes a que se exprese clínicamente la enfermedad, situación que nos permite prevenir con objetividad, siempre y cuando sepamos estudiarlos y tratarlos adecuadamente.

De antaño se ha culpado al colesterol como causante directo de estos cuadros. Hoy la evidencia deja claro que más del 50% de los pacientes que llegan con un infarto cardiaco al hospital tienen niveles de colesterol por debajo de los exigidos por la institución sanitaria. Por ello, sabemos que hay múltiples factores que favorecen esta patología y que han estado ignorándose por mucho tiempo. En este libro no buscamos estudiar factores de riesgo cardiovasculares sino de génesis para, de esa forma, llegar a las causas de forma más objetiva.

Uno de los factores mejor investigados en este perfil es el relacionado con las alteraciones del metabolismo energético y la génesis de una inflamación de bajo grado (no causante de dolor específico). El modelo en el cual se presenta con creces es en la Obesidad (OB), no obstante, aunque en menor frecuencia, podemos tener a individuos con un peso normal e incluso delgados con dichas alteraciones, lo cual nos debería llevar a generalizar el estudio de las condiciones inflamatorias y oxidativas en aras de hacer una mejor evaluación de salud.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), recientemente ha apostillado un concepto nuevo para titular la situación existente a nivel mundial con la OB y las patologías asociadas. Les ha llamado Globesidad. Este fenómeno indica la magnitud global de la que posiblemente es la madre de las enfermedades cardiometabólicas que, a su vez,  son la primera causa de muerte  a nivel mundial, como ya comentamos. Resulta impresionante ver un nexo tan cercano entre las enfermedades metabólicas y las cardiovasculares, así como varios tipos de cáncer, lo que significa que si logramos controlar los factores etiopatogénicos (generadores) estaremos haciendo la mejor prevención posible con datos e, incluso, podremos tratar a un individuo ya enfermo o al menos entender qué debíamos hacer frente a e estas condiciones patológicas.

En resumen, en este libro haremos una revisión de lo que llamo los trece jinetes (factores) del Apocalipsis Metabólica del siglo XX y XXI, los cuales se encuentran liderando la génesis de estas cabalgantes patologías.

Iremos describiéndoles los mismos por capítulos, en un orden que nos permitirá entender sus relaciones. De esta forma, podremos diseñar una estrategia de manejo observando cómo una herramienta terapéutica puede tener múltiples impactos en el tratamiento o, por el contrario, tratar solo un factor.

Antes de comenzar con la descripción de los capítulos y, a su vez, de los factores me gustaría dejarles esta imagen en la cual se puede apreciar de forma fácil y comprensible el nexo entre los 13 jinetes de esta batalla metabólica.