Hay muchos pacientes ansiosos que relatan que en las tardes tienen unas ganas imperiosas de comer alimentos dulces y/o chocolate. Otros casos, más extremos, son los grandes comedores nocturnos, los cuales a altas horas de la madrugada suelen vaciar la nevera. O aquellos que tras una ingesta descontrolada se provocan el vómito para «compensar». 

Existe una interesante relación entre la obesidad y la ansiedad. Resulta que hoy sabemos que en muchos pacientes obesos hay alteraciones en la síntesis de sustancias inflamatorias y en las rutas de detoxificación del organismo, ambas situaciones, por vías diferentes, pueden originar alteraciones en los neurotrasmisores, sustancias que estabilizan nuestro sistema neurológico (si es que están en equilibrio). Pero ahora también sabemos que las alteraciones de los neurotrasmisores llevan a cabo descontrol alimentario, con tendencia a la sobreingesta como mecanismo compensador temporal.

Por ese motivo se producen esa serie de situaciones en nuestros pacientes. El problema, es que muchas veces no se tienen en cuenta estos nexos a la hora de indicar un tratamiento objetivo en busca de una solución eficaz.  A pesar de que esta relación es conocida desde hace mucho tiempo, lo relativamente nuevo y no menos interesante es cómo la obesidad genera depresión , ansiedad, angustia, insomnio, etc. Las vías moleculares intrínsecas las estudiamos con el objetivo de estructurar un tratamiento a la medida, como corresponde.